Arte contemporáneo visto desde el régimen estético / Ponente: Antonia Bello 11°

SEMINARIO DE CIENCIAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS (Primer semestre 2016)

Módulo: Arte y Poder

Directora: Ana María Rosas

Ponente: Antonia Bello

Bogotá D.C, Abril 20 de 2016


Arte contemporáneo visto desde el régimen estético



El arte a lo largo de la historia ha sufrido innumerables cambios en cuanto a la manera de crearlo, presentarlo e interpretarlo, y pareciera que en la contemporaneidad esa brecha entre lo que es o no es arte es cada vez más delgada e imperceptible, al igual que su función dentro de la sociedad. En una época en la que parecería imposible o irrelevante hacer esta distinción, el filósofo Jaques Rancière hace un propuesta interesante para comprender el papel del arte en la actualidad y como debería ser implementado en la sociedad, para la mejora de esta en relación al carácter político del arte.


A partir de lo anterior se pretende responder a la pregunta: ¿Qué aspectos del arte contemporáneo pueden aportar positivamente a la construcción del régimen estético propuesto por Rancière en la actualidad? Pare esto se hará un enfoque en tres corrientes artísticas características del siglo XXI (el performance, la instalación y el arte digital) y se dividirá el texto en tres ejes, el primero destinado a un análisis de la propuesta de Rancière, el segundo a una exploración de estos estilos y el tercero a las conclusiones.


  1. Arte político desde Rancière


La propuesta de Rancière va encaminada a crear un cambio en la sociedad pos-moderna en relación a como se está entendiendo el lugar del arte y la política en la actualidad. Según el autor, el mal entendido del rol de estas dos nos ha llevado a vivir en un sistema político platónico donde el arte esta apartado de la política, existe una división de humanidades, la voz de algunos es ignorada y la dominación está en manos de muy pocos. Esto ha provocado una hegemonía que sería impensable dentro de las utopías y los ideales modernos y románticos que construyeron y precedieron la época contemporánea.


Para entender la compleja propuesta de Rancière es necesario comprender primero el concepto de política que trabaja este autor. Para Rancière la política está bastante alejada del ejercicio del poder o de la lucha por este, no es tampoco el dominio de una voz o humanidad sobre otra; en cambio entiende la política como la configuración de un espacio común que lleve a las personas fuera de la experiencia ordinaria. Es de gran importancia que reconfigure la división de lo sensible que resulta de la autoridad, pues esta descompone la sociedad entre lugares, clases sociales, culturas, identidades y opiniones; para lograr ver lo invisible, escuchar lo que antes no era escuchado y finalmente alejarse del deseo de dominación.


Pero, ¿Qué herramientas podemos usar para crear estos nuevos espacios y experiencias? Pareciera que la respuesta más acertada es el arte: “La relación entre estética y política es entonces (…) la manera en que las prácticas y las formas de visibilidad del arte intervienen en la división de lo sensible y en su reconfiguración, en el que recortan espacios y tiempos, sujetos y objetos, lo común y lo particular.” (Rancière, 2005: 19) De esta manera, para el autor las obras de música, pintura, danza o teatro no siempre son arte en cuanto que no cumplan con su función política.


Por otro lado, Rancière afirma que en esta política no se puede oprimir ningún estilo artístico, “(…) rechaza por adelantado cualquier oposición entre un arte autónomo y un arte heterónomo, un arte por el arte y un arte al servicio de la política, un arte de museo y un arte de la calle.” (Rancière, 2005: 27) Pero de la misma forma, el autor explica que la manera de juzgar una obra de arte depende del régimen de identificación que se utilice; existen distintos regímenes como el ético o el representativo, pero el que, propone Rancière, debe usarse en la pos-modernidad es el régimen estético; entendiendo la estética como la relación entre arte y filosofía o formas de pensamiento.


El régimen estético se caracteriza por identificar tres aspectos indispensables en una obra de arte político: Libre juego, libre apariencia y experiencia autónoma. La apariencia libre de la obra radica en la indiferencia de esta frente al que la ve, no se propone objetivos ni pretende un poder sobre el espectador, llevando a un estado de libre juego. Se dice del juego que es aquello que le da humanidad al hombre, una actividad que no tiene un propósito más que si misma y por lo tanto es sinónimo de inactividad y pasividad. Este desinterés por el dominio da paso a lo que Rancière llama suspensión; un rechazo de la experiencia ordinaria y de la necesidad de poder, que propicia la libertad de la sensibilidad y el papel de jugador en el espectador.


Al darle al espectador este rol de jugador se da lugar a la experiencia sensible autónoma. El espectador puede ahora manifestar una libertad e igualdad de los sentidos que conlleve a la división política de lo sensible: “El libre juego y la apariencia libre suspenden el poder de la forma sobre la materia, de la inteligencia sobre la sensibilidad (…) el poder del Estado sobre las masas, el poder de la clase de la inteligencia sobre la clase de la sensación, de los hombres de cultura sobre los hombres de naturaleza.” (Rancière, 2005: 25) Para el autor, todo esto junto debe llevar a la configuración de un espacio común, sin intenciones de dominación, donde el arte no esté apartado de la vida y se construya una nueva humanidad.


  1. Performance, instalación & arte digital


Si se piensa en revoluciones artísticas como la que propone Rancière lo más seguro es que se piense en las corrientes vanguardistas del siglo XXI, el surrealismo, el dadaísmo o el futurismo, pero el performance fue en realidad el punto de partida para las más radicales rupturas del arte que dieron paso a lo que conocemos en el la contemporaneidad. El performance es un estilo artístico nacido en los años 60’s en donde la obra es presentada “en vivo” por el artista o colaboradores, dejando aras las tradicionales técnicas como la pintura o la escultura, caracterizadas por su in-alteración el espacio y el tiempo y alejadas del contexto cultural de las personas comunes. Esto dio la oportunidad al espectador de presenciar una obra única e irrepetible.


Este estilo se caracterizó por la desmaterialización del objeto de arte y el uso de distintos medios, como el sonido, el video, la imagen, el texto o incluso el cuerpo humano. Por otro lado, en sus orígenes este estilo también reflejó corrientes sociales como el feminismo o activismo anti bélico, por lo que en un principio fue excluido de museos y galerías. El performance no buscaba una forma de entretenimiento como el cine o el teatro, en cambio buscaba provocar y retar al espectador, no siempre de una forma agradable, llevándolo (en términos de Rancière) al libre juego, fuera de la experiencia ordinaria.


Un ejemplo de esto es la obra Rhythm 0 de la artista Marina Abramović de 1974. En esta la artista se quedaba inmóvil en la galería por exactamente 6 horas. A un lado había una mesa con docenas de objetos, cada uno seleccionado por sus asociaciones con el dolor o el placer: un látigo, miel, uvas, una pluma, cuchillos, lápiz labial, una cámara, un bisturí, una rosa y una pistola con una sola bala. Un letrero en la mesa describía el performance: “Hay 72 objetos de la mesa que se puede utilizar en mí si lo deseas. Yo soy el objeto. Durante este tiempo Asumo toda la responsabilidad.”


La instalación es un estilo artístico surgido a principios de los años 60’s donde se usa mixed-media (mezcla de elementos y técnicas visuales con no visuales) para hacer construcciones o ensambles diseñados para un espacio y momento específicos. Estas obras normalmente ocupan un cuarto completo de la galería o el museo, haciendo que el espectador deba caminar por toda la habitación, permitiendo que varias personas al mismo tiempo interactúen con esta y se creen múltiples experiencias sensibles.


Por consiguiente, las instalaciones perderían todo su sentido si no existiera este diálogo libre y abierto con los espectadores, además en estos espacios también se configura y se repiensa la manera en que el individuo actúa y piensa sobre el lugar y el momento. De esta manera el espectador se amolda a la propuesta del autor donde: “La educación estética que suplirá la revolución política es educación por la originalidad de la apariencia libre, por la experiencia de desposeimiento y de pasividad que impone” (Rancière, 2005: 28)


Un estilo artístico un poco más característico del siglo XXI es el arte digital, pues aunque nació a principios de los años noventa no fue realmente desarrollado hasta estos días. Se usa este término para describir las obras que son hechas y presentadas usando tecnología digital. El aspecto más radical de las obras de este género es que permiten, gracias a la herramienta tecnológica, que el espectador sea creador de la obra y que de esta manera siempre diferente e irrepetible. En este sentido, el arte digital sería el perfecto ejemplo de la apariencia libre y las obras indiferentes.


El artista digital Rafael Lozano-Hemmer explica cómo por primer vez los artistas aceptan el reto de desintermediar la obra; esto se refiere a la desvinculación de las estructuras establecidas (museos, galerías y críticos) en el momento de la presentación de la obra, haciéndola más accesible al público en general; la obra puede ubicarse en la red, en los museos o incluso en los espacios urbanos. Es desterritorializado (no está basado en un territorio), desindividualizado (no es un solo individuo el que lo genera y lo controla; da herramientas para distribuir este control) y descentralizado (no está basado en el territorio artístico sino en muchos otros contextos).


Una obra de este artista que presenta tales características es Ecuación solar. Es una instalación de arte público a gran escala que consiste en una simulación fiel del sol, 100 millones de veces más pequeño. La animación sobre el globo se genera mediante ecuaciones matemáticas que simulan la turbulencia, bengalas y las manchas solares que se pueden ver en la superficie del sol, esto produce una imagen que cambia constantemente y que nunca se repite, brindándole a los espectadores una visión de los fenómenos que son observables en la superficie solar y que sólo los avances relativamente recientes en astronomía han descubierto. Usando un iPhone, iPod o iPad, las personas puede modificar las animaciones en tiempo real.



  1. Conclusiones


Para finalizar este trabajo, puede decirse que los estilos artísticos característicos del arte contemporáneo (Performance, instalación y arte digital) podrían ser un gran aporte dentro de la propuesta política de Rancière, puesto que este tipo de obras inauguran un espacio común donde se pueden presenciar los elementos esenciales del régimen estético: el libre juego, la suspensión, la libre apariencia y la experiencia autónoma. De igual manera proporcionan al espectador una experiencia totalmente fuera de la cotidianidad; le permiten hacer parte de la creación de la obra, incluso no de manera individual sino colectiva, están libres de cualquier intento de dominación e inclusive en algunos casos están desvinculados de las instituciones tradicionales, como museos o galerías, facilitando el acceso de la mayor parte del público a la obra.


Además, es posible observar en los artistas contemporáneos un nuevo interés por contribuir a lo que Rancière llamaría una educación estética, donde se enseñe la igualdad, la originalidad y la importancia de la pasividad, el desposeimiento y la participación libre o emancipadora en este tipo de política. Creando, en últimas, una relación de dependencia entre el arte, la política y la vida. Si esto continúa así podría llegarse al objetivo del régimen estético de Rancière; una nueva humanidad, donde gracias a la inclusión del arte como una parte importante de la sociedad desparezcan los mecanismos de poder y autoridad, donde la comunidad será libre de las divisiones de lo sensible.


Por otro lado, aunque la propuesta de Rancière parezca adecuada para nuestra época, no por eso dejar de ser un tanto utópica al igual que las propuestas precedentes de la modernidad y el romanticismo. Esto porque el arte, aunque logre causar un gran impacto en el espectador y el espacio que ocupe, no deja de ser desconocido o de poca relevancia en muchos contextos sociales hoy en día, haciéndole perder el poder político que podría llegar a tener. Además, en la sociedad de hoy en día se le continúa otorgando más importancia a otras áreas del conocimiento como las ciencias exactas, que contribuyan a la productividad y la economía de empresas o Estados.



Referencias:


  • Rancière, J. (2005), Sobre políticas estéticas, Barcelona, Servei de Publicacions.

  • Performance Art Movement, Artists and Major Works. Tomado en Abril 15, 2016, de: http://www.theartstory.org/movement-performance-art.htm

  • Installation art. Tomado en Abril 15, 2016, de: http://www.tate.org.uk/learn/online-resources/glossary/i/installation-art

  • Cilleruelo, L. 2006. Prácticas estéticas y políticas en la red. “Medios alienígenas – entrevista a Rafael Lozano-Hemmer” in Net.Art. (115-122). Madrid, España: Brumaria.


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